
Toda la luz del día cabía todavía en una línea, al fondo, sobre las luces del pueblo. El bosque dormía a oscuras y no hacía falta ayudarla a crecer. Solo había que estar despierto cuando se decidiera.
«Anhelo al Señor más que los centinelas el amanecer, sí, más de lo que los centinelas anhelan el amanecer». Salmo 130:6